ENTRE LA PRUDENCIA Y LA JUSTICIA
Algunas veces parece que se contraponen valores, como la
prudencia y justicia. Cuando somos objeto de alguna injusticia es común que se
aconseje que no se actué, que seamos “prudentes”, que las cosas con el tiempo caerán
por su peso, estos tipos de consejos tiene un alto contenido de relativismo en
cuestiones que no lo son, ya que en estas situaciones, son las virtudes las que
se deben de ejercer y la aplicación de las mismas permiten tomar decisiones que
lleven a él bien.
Todo cuanto hay de verdadero,
de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea
virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta” (Flp 4, 8). La
virtud es una disposición habitual y
firme a hacer el bien. Permite a la
persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas
sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien,
lo busca y lo elige a través de acciones concretas (CEC,1803). Esta definición
de virtudes que está en el catecismo nos ilumina de para ir entendiendo cual
debe ser nuestro comportamiento si queremos ser buenas personas o personas
virtuosas (es una expresión que poco usamos).
Como se ha definido las virtudes humanas son actitudes
firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de
la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían
nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo
para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica
libremente el bien. Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas
humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos, disponen
todas las potencias del ser humano para armonizarse con el amor divino.
Se puede ver que este conflicto de valor no se tiene, ya que
se busca el bien, el problema radica en que no tenemos definido estos conceptos,
lo que nos lleva a un supuesto conflicto de valores y nos vemos limitados en nuestra
disposición habitual de hacer el bien.
Con el fin de puntualizar el concepto de prudencia y justicia
tomaremos como base los definidos por el catecismo de la Iglesia Católica.
La prudencia la define como: La virtud que dispone la razón práctica a
discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. “El
hombre cauto medita sus pasos” (Pr 14, 15). “Sed sensatos y sobrios para daros
a la oración” (1 P 4, 7). La prudencia es la “regla recta de la acción”,
escribe santo Tomás (Summa theologiae, 2-2, q. 47, a. 2, sed contra), siguiendo
a Aristóteles. No se confunde ni con la
timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada auriga
virtutum: conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la
prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente
decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales
a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer
y el mal que debemos evitar (CEC,1806).
La justicia la define el catecismo
como: la virtud moral que consiste en la
constante y firme voluntad de dar a Dios
y al prójimo lo que les es debido.
La justicia para con Dios es llamada “la virtud de la religión”. Para con los
hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer
en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las
personas y al bien común. El hombre
justo, evocado con frecuencia en las Sagradas Escrituras, se distingue por la
rectitud habitual de sus pensamientos y de su conducta con el prójimo. “Siendo juez no hagas injusticia, ni por
favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo”
(Lv 19, 15). “Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo,
teniendo presente que también vosotros tenéis
un Amo en el cielo” (Col 4, 1). (CEC,1807).
Teniendo presentes estas definiciones confirmamos que los
consejos que generalmente se dan haciendo un llamado a la “prudencia”, sufren
de una confusión. Aristóteles menciona que la prudencia no debe ser confundida con la timidez, el temor, doblez o
disimulación.
Al hablar sobre virtudes directamente estamos hablando de ética
y moral de las personas,porque nos referimos a sus comportamientos (ethos). En este caso a la
acción de denunciar la injusticia (personal) en el cual debe de intervenir un
ente que debe de dar una resolución, en lo que entraríamos a una moral
ciudadana o de la organización, en donde se debe de tomar en cuenta que además
de las individuos las sociedades tienen
un “perfil moral”, un ethos
constituido por los valores incorporados en sus creencias, sus costumbres y sus
reglas de convivencia, de tal manera que así como los hábitos (vicios y
virtudes) de una persona expresan su calidad moral, las reglas de convivencia de una sociedad (instituciones) expresan su
calidad moral.
El impacto de una decisión por parte de los dirigentes que
carezca de justicia (calidad moral) tendrá
efectos a corto y largo plazo que nos llevan a problemas mayores, porque se está permitiendo un hecho que de acuerdo a Santo Tomas lo definiría como un
hecho capital y no por su magnitud
si no porque va ser origen de muchas otras injusticias[i].
En esta reflexión mencionamos a dos virtudes cardinales,
pero el ejercicio de las virtudes están entrelazadas Platón dice: que para que una persona pueda lograr estas virtudes debe empezar con
la prudencia, ésta viene del
ejercicio de la razón, la fortaleza
de ejercer las emociones o el espíritu, la templanza
de dejar que la razón anule los deseos, y desde éstas viene la justicia, un estado en que cada elemento
de la mente, está de acuerdo con los otros y a estas virtudes el factor que
las amalgama es el amor, ya que es
la caridad es lo que nos mueve a realizarlas, el amor a Dios, a nosotros y
hacia los demás.
[i] El
término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que
da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un
vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal
que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son
originados en aquel vicio como su fuente principal”.

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